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El uso del fur en la industria de la moda: de Mesoamérica a la actualidad



Orígenes en Mesoamérica


En Mesoamérica, las pieles con pelo no solo cumplían una función práctica, sino también simbólica. Culturas como la mexica y la maya utilizaron pieles de jaguar, ocelote y venado para confeccionar vestimentas asociadas al poder, la espiritualidad, conexión con lo divino y el estatus social. Gracias a ellas, los historiadores actualmente pueden identificar también el género y la etnicidad. Las pieles también protegían del clima y ofrecían resistencia en contextos bélicos y ceremoniales.

El uso de pieles en Mesoamérica formaba parte de un sistema textil complejo que incluía algodón, fibras de maguey y plumas, entre otros ornamentos. En este contexto, las pieles eran bienes valiosos dentro de redes de tributo y comercio.



Pasando por la Edad Media y el Renacimiento


En Europa medieval, las pieles con pelo adquirieron una intensa connotación de lujo y distinción social. Armiño, zorro, visón y marta cibelina se convirtieron en símbolos de poder.

Durante el Renacimiento, la representación pictórica de monarcas y aristócratas muestra el uso de capas forradas en piel como indicador de riqueza y autoridad. La regulación del uso de pieles estaba incluso establecida por leyes, que determinaban quién podía vestir determinados materiales. La expansión colonial europea impulsó el comercio global de pieles, especialmente en América del Norte y Siberia, integrando estos materiales como parte de su economía.


Industrialización, siglos XIX y XX


Con la Revolución Industrial, el procesamiento de pieles se volvió más eficiente, facilitando su acceso a la clase media emergente. En el siglo XIX, estolas y abrigos de piel se popularizaron entre mujeres europeas y estadounidenses. Durante el siglo XX, especialmente en las décadas de 1920 a 1950, el abrigo de visón se convirtió en un símbolo de glamour asociado al cine y la alta sociedad. Actrices de la época dorada de Hollywood consolidaron esta imagen de sofisticación.

Sin embargo, el auge del uso del pelo animal también implicó la expansión de granjas de cría intensiva y métodos de captura que más adelante serían cuestionados por movimientos sociales.


Rita Hayworth por Bob Coburn, 1948
Rita Hayworth por Bob Coburn, 1948

Finales del siglo XX, activismo y transformación


Durante los años 70 y 80, organizaciones como PETA comenzaron campañas contra el uso de pieles naturales, denunciando el maltrato animal y las condiciones de crianza para la obtención de sus pieles en general.

Las protestas públicas, campañas mediáticas y movimientos sociales influyeron en la percepción general del uso de pieles animales. Diseñadores y casas de moda empezaron a replantear su relación con estos materiales. Según un artículo de Vogue publicado en 2021, marcas como Gucci, Prada, entre otras, anunciaron políticas “fur-free”, indicando un giro significativo en la industria.


En la actualidad, el debate sobre el uso del fur se centra en la sustentabilidad


En estos momentos, en el tema del fur, entramos en el debate sobre sustentabilidad que toca toda la industria de la moda. ¿Qué es realmente una prenda sustentable, aquella hecha sin maltrato animal, totalmente vegana, o aquella que utilizamos en un periodo de tiempo extendido, en vez de reemplazarla inmediatamente?

Hoy en día, existen argumentos a favor del uso de la piel animal; los defensores sostienen que la piel es un material biodegradable, duradero y natural. Un abrigo de piel puede durar décadas y transmitirse entre generaciones, lo que reduciría el consumo de productos hechos con materiales sintéticos o de una vida útil más corta. Eso sin contar la parte de apego psicológico que existe en las prendas que se pueden heredar de generación en generación.

Por otro lado, los críticos señalan el impacto ambiental de la industria peletera, incluyendo el uso excesivo de químicos para tratar la piel, contaminando el agua y el suelo, residuos y uso intensivo de recursos.


En los últimos años, la innovación textil ha impulsado materiales alternativos como pieles veganas de origen biológico, buscando equilibrar ética animal y sostenibilidad ambiental, como es el caso de BIOFUR, o la startup francesa BioFluff, quienes ofrecen materiales alternativos al fur natural o sintético.


Imágenes cortesía de BioFluff
Imágenes cortesía de BioFluff

Desde la antigüedad hasta las pasarelas contemporáneas, el fur ha transitado un camino complejo, cargado de simbolismo, poder, comercio y controversia. Su historia refleja cómo la moda no es solo estética, sino también política, económica y ética. Hoy, más que nunca, el uso de pieles en la industria invita a una reflexión crítica sobre nuestras decisiones de consumo y sobre el impacto ambiental y moral de aquello que vestimos.


Definitivamente, en los siguientes años seguiremos viendo cambios en las preferencias de consumo. Tenemos que cuestionarnos qué tanto estamos influenciados por propagandas antes de comprar y qué tanto es en realidad un punto de vista propio alineado a nuestros valores. En la industria de la moda, no es novedad que se imponga propaganda para empujar al consumidor en ciertas direcciones. Las grandes empresas y conglomerados también impulsan ciertas campañas con objetivos monetarios detrás. ¿De verdad están en contra del uso del fur, o en realidad quieren reemplazar su materia prima por una más económica y abundante? A reflexionar.

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